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31 julio, 2020 a las 12:09 pm · · 0 comentarios

Vacunas.

Uno no escoge el tiempo para

 venir al mundo;

pero debe dejar huella de su  tiempo.

Nadie puede evadir su responsabilidad.

todos tenemos un deber de amor que cumplir,

una historia que hacer una meta que alcanzar.

Gioconda Belli. Uno no escoge. 1992.


Pasaron los años y el Virólogo Jefe de la Unidad de Investigación y Prevención de Enfermedades Contagiosas seguía sin encontrar la cura.  

Regresaba a casa cada día cabizbajo, apretando la mandíbula para contener la ansiedad, la pena y el dolor de saberse fracasado. En el portal, como cada tarde, le esperaba su padre recién llegado del paseo con los perros. 

-Hola,hijo,¿qué tal?-le preguntaba su padre. 

-¿Qué tal los perros?-respondía él. 

-Bien,hijo, bien.Los perros bien. 

-Bien. Me subo ya,que estoy reventado, siento meterte en estos berenjenales, gracias por cuidarlos. 

-Tu no molestas, hijo.Y los perros tampoco. 

No hay nada malo en ti. -No hay nada malo en ti, le decía. -No hay nada por lo que no merezcas ser amado, valorado.-Le espetaba-Ya sabes que hagas lo que hagas tu madre y yo te apoyamos y queremos.-Insistía-No hace falta llegar el primero a la meta para sentir que creces. No hace falta tirarse en paracaídas para sentirte vivo ni conocer las maravillas del mundo para sentirte libre. No hace falta escribir un libro ni plantar un árbol para trascender. 

No hace falta. 

Tu sigues siendo valioso,sigues siendo querido, querible aún con las corazas que te pongas. Sigues siendo tú aún cuando tú eres la persona que peor te caiga. Sigues aquí, contigo mismo hasta el fin de los días. Sólo necesitas verte, sentirte, cuidarte y respetarte con cariño. y aún así,claro que habrá días en los que te sentirás solo,desolado,en desamparo. Te verás pequeño y ridículo en cada paso,con las piernas temblando en cada decisión que tomes y aquí a tu lado,nosotros,en tu recuerdo meciendo tus miedos. 

-¿Dime?-respondía su hijo alzando la cabeza.-Ya sabes que con la mascarilla puesta no te puedo leer los labios. 

-Nada hijo nada- decía esta vez mientras retiraba la tela aséptica de su rostro emocionado. 

El Virólogo Jefe de la Unidad de Investigación y Prevención de Enfermedades Contagiosas era sordo. Sordo de nacimiento y claro, jamás había escuchado palabra alguna. Ni buena ni mala. No oía nada,ni siquiera los gritos y discusiones que de vez en cuando había en el  hogar en el que había crecido. Ni siquiera las alegrías que su mera existencia había provocado en sus padres. No había oído a nadie reírse de él o insultarle. Nadie le había metido falsas creencias en la cabeza ni le había dorado la píldora haciéndole sentir único y maravilloso. Ni siquiera se había oído a si mismo. Estaba sordo y por dentro, vacío de silencio. 

Podía reconocer en si mismo cualidades óptimas y su autoestima gozaba de buena salud. Sin embargo, desesperado por el pasar de los años y la falta de resultados, la frustración y la rabia le reventaban los tímpanos. No sabía cómo habían llegado hasta el interior de esa habitación estanca que era su conciencia pero ahí estaban y no veía ningún desagüe por donde perderlas de vista. 

-¿Has encontrado ya la cura? -le preguntaba acompañando sus palabras del lenguaje de signos.

– ¡Qué va papá! Ya sabes cómo va esto, todos los días me preguntas lo mismo y todos los días te respondo lo mismo. Es frustrante, parece que el sordo eres tú.

Reconocía en su padre el respeto y amor incondicional que le tenía pero era como si estuviera fuera de esa burbuja en la que se sentía y sus sermones en Mute y su cara de pena le sacaban de quicio. 

– Bueno, seguro que mañana das con ella, ya sabes mi opinión…

-Sí papá, sí, gracias por tu apoyo. 

-…el miedo. 

– ¿El qué? 

– El miedo…yo no creo que tenga cura…

-Joder,ya estamos… papá que esto es serio, hombre.-  

El Virólogo Jefe,no buscaba vacunas contra el virus, esas las encontraron meses después de la pandemia. El Virólogo Jefe estaba buscando el antídoto contra la peor de las secuelas que dejó el virus:El miedo. El miedo se había propagado con una velocidad diez veces mayor que la enfermedad,había derrocado gobiernos y encerrado en campos de concentración a pueblos enteros. La depresión y la ansiedad arrasaron familias enteras. Las mascarillas habían pasado de ser nuestra primera línea de defensa a ser una señal de amenaza y terror a los ojos de muchos. Gurús,videntes y retroexpertos acapararon las narrativas sociales y el ser humano mutó hacia un hommo-ciborg que no llegaba a ser capaz de adaptarse del todo bien a esta nueva sociedad. Nadie confiaba en nadie,nadie se acercaba a nadie y cualquier discurso optimista o alentador se denunciaba a las autoridades como delito existencialista. 

Era como si después de la era del posmodernismo del siglo XX y la era póstuma de la que hablaba Gaces a principios del XXI al hommo-ciborg le hubiesen encerrado en un experimento de Seligman y se hubiesen olvidado de él. Solo había indefensión, solo había miedo. 

-Todo el mundo está asustado, Papá,vamos contrarreloj y cada día que pasa es una batalla perdida, ya no nos quedan recursos.  

-Ya lo se hijo mío, ya lo sé, pero es que…el miedo…no se hijo, el miedo forma parte de nosotros y claro…- 

– Papá, por favor. 

-Escucha a tu padre, cariño. El miedo no se cura, se calma y a la persona que está asustada se le quiere y punto- se vio decir desde arriba. Su madre acababa de bajar del piso y les esperaba a los dos en el rellano del portal. 

-Hola,Mamá. -dijo con sus manos.

-Hola,hijo.-respondió con sus manos.

– Eso no funciona, mamá, ya nadie quiere a nadie,vamos todos como pollos sin cabeza y tu proponiendo lemas de los flowerpowers. 

-Solo digo que para que algo tenga que curarse tiene que estar enfermo y el miedo no es una enfermedad- a lo mejor eso a lo que tú llamas cura, simplemente, simplemente… 

-Suficiente- gritó en silencio su hijo. No quería seguir con esto. Apartaba la mirada y dejaba de leer los labios.-ya está, fin de la conversación.- No entendía como sus padres no podían comprenderle, por qué no le apoyaban. Les maldecía con el corazón triste y el rencor hacia sí mismo que da la desolación. Él solo quería ayudar a la gente y hacer desaparecer lo que tanto daño había hecho. 

Él solo. 

Sólo él.

Como cada hommo-ciborg y su ip.

Sin nadie más. 

En la burbuja de su conciencia. 

En su laboratorio estanco.  

Pasarán todavía algunos años pero el Virólogo Jefe, acabará por descubrir la vacuna. Estaba cada tarde en la puerta de su casa paseando a los perros. Bajaba cada noche al rellano de su portal, estaba en  cada momento, en las miradas de todas y cada una de las personas que le querían y se lo hacían sentir.-Sí,algo flowerpowers sí que es,-pensaba con la conciencia serena.

Al final la cura fue un antídoto y se le llamó Amor. El de verdad, no el de las pelis de ciencia ficción. Le cambió el nombre (por recomendación del departamento de marketing), lo patentó y comenzaron a repartirlo poquito a poco a toda la población. Funcionó. Por fin, el hommo-ciborg había dado con la tecla adecuada y no era Control-Alt-Supr. 

David Villa Rodríguez.

Julio Agosto 2020. 

 

 

 

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