Contacta con nosotros

Para cualquier duda o información, puede contactarnos:





He leído y acepto la Política de Privacidad.

C/ Cartagena 76, Madrid 28028 | C/ Ríos Rosas 38 Madrid 28003

23 julio, 2020 a las 10:27 pm · · 1 comentario

La casa de los espejos

Tenía otros espejos para mirarse y confiaba en sus reflejos.

Nunca su casa tuvo tantos espejos. Solía mirarse en el de la entrada, o la salida, según se mire, ya que era el que le decía si estaba guapa y lista para dejarse ver. El del baño, a pesar de la penumbra en la que le devolvía su imagen, también era habitual de los rituales de belleza. Ahora, no sabe cómo ha pasado, pero hay uno de esos usurpadores de almas en cada cuarto, tras cada esquina, hasta ha descubierto uno, de esos grandes y profundos en el techo, justo, justito, encima de su almohada.

“¿De dónde han salido, cómo han llegado hasta ahí?”, se preguntó. Temía que la respuesta era tan sencilla y bella como dura. Siempre habían estado ahí, pero no podía verlos. Estaba tan entretenida distrayendo la mirada o, simplemente mirándose en otros sitios, que el sutil devenir de los días los tapó. Y entonces la ironía la confinó en casa. Tenía que dejar de verse con los demás para verse. Aunque seguía teniendo alguno de esos otros espejos para mirarse; el trabajo, los amigos, la familia, los proyectos… quedaron reducidos a una pantalla en la que es casi imposible mirarte a la vez a los ojos!! Y lo de distraer la mirada…bueno, ni todos los libros del mundo, ni miles de series o pelis en serie fueron suficientes. La monotonía de los sentidos, repetidas percepciones en el mismo lugar, hora tras hora, día tras día, confinaron su mente.

En fin, que no le quedó otra que reencontrarse con sus recuerdos, sus más profundos anhelos, sus alegres ilusiones, sus honestos amores, sus tan temidos miedos, sus inquietantes dudas o sus más evitados dolores…Y daba igual luchar, porque mirara donde mirara, ahí estaban. Sin la posibilidad de moverse hacia fuera todo parecía removerse por dentro.

Vale, así estaban las cosas; tapar tantos espejos con tan pocas sábanas estaba siendo una tarea ardua y agotadora. Quizá podía desenfocar la mirada, lo cual, siendo miope, no es muy difícil; quitar lentillas y colgar gafas, listo. Y en esas estaba hasta que se dio cuenta: todos esos espejos sólo querían mostrarle un relato, presentarle personajes a quienes ella misma había dado vida, no el confinamiento, ella, y tenía la oportunidad de conocerlos, de leerse su propio cuento, escribirse y reescribirse su propia historia. Fue entonces cuando decidió charlar con la niña triste y sola de la habitación, con la amiga cercana y divertida del sofá, con la adolescente insegura del baño, con la mujer luchadora y algo cabezota de la entrada, con la joven deseosa de amor de la cama, con la creadora ilusionada delante del escritorio, con la compañera dolida en el lecho, con la boicoteadora perfeccionista del salón y con la pequeña aterrada del pasillo. Escuchó, tan atenta como pudo, cada historia; algunas parecían fábulas, otras, leyendas. “Qué follón”, pensó, “y ahora, ¿qué hago con estas?”

Al principio sólo podía recordar con claridad los capítulos de terror, los cuentos de soledad y dolor.

Y metida en la habitación, sentada en el pasillo, en el baño o tumbada en la cama:

Lloró, vaya si lloró. Sólo podía repetirse las palabras de esa niña asustada y sola a quién le habían castigado la alegría, robado la tranquilidad, cortado las alas. Y se sintió todavía más sola.

Se enfadó, cómo se enfadó. ¿Por qué una niña tenía que calmar los miedos de mamá y ocuparse de la incapacidad de papá?, ¿por qué tuvo que crecer luchando siempre por su derecho a ser?, ¿escaparía alguna vez de la espada de Damocles que sentía sobre su cabeza, podría romper el legado con el que había vivido hasta ahora, convertir la leyenda en cuento?”.

Y culpó, claro que culpó. A su familia y a quienes habían causado dolor a lo largo de su vida, a la mala suerte, incluso. Y, lo tenía fácil: al confinamiento. Porque si hubiera seguido con su vida esto no habría pasado, ella estaba bien.

Estaba leyendo sólo ciertos capítulos y descubrió cuán cómoda estaba con esas frases, con esas palabras, en esas páginas.

Y se asustó, de si se asustó,

y del susto se levantó.

“En el sofá hay una amiga cariñosa”, recordó, “y en la entrada está esa mujer segura y serena”, se alentó. Qué oportuno haberse olvidado de ellas, las que escriben otra parte de la historia. Escuchándolas ya no podía sólo llorar, y enfadarse, y culpar. Leyendo esos capítulos se encontró riendo, riéndose de amor. Contaban historias sobre juegos, conquistas, inventos, aleteos y vuelos. Quizá resultaba incómodo pasar mucho tiempo en esos capítulos, no eran tan conocidos, exigían mucha atención y confianza. Abrumaban. Ains, pero ya no podía ignorarlos quedándose en la habitación esperando ser escrita por otros, ahora

ya sabía que cada nuevo capítulo estaba en su estilográfica y

la musa

en el espejo que decidiera mirar.

Acabó la cuarentena y deseó volver al mundo; y temió volver al mundo. Ya no va nunca sola, le acompañan las habitantes de su casa. A ratos, la vida parece hermosa y esperanzadora, tiene alas, y por momentos, asusta verla desde abajo, siendo tan pequeñita. Quiere crecer, darle espacio a la mujer segura y alegre que está conociendo sin la duda y el miedo que tan bien conoce.

Ahora todo parece una lucha. Escuchar a todas a la vez es agotador, contentarlas, casi paralizador, así que ha decidido acompañarlas, comprender que todas son personajes de esta novela de contradicciones, obligadas a vivir cada cual en su propio capítulo y que en su mano está escribirse un presente en el que puedan conocerse y ayudarse unas a otras, en el que no esté sola.

Sigue teniendo otros espejos para mirarse y ahora entiende que verá en ellos el reflejo del espejo con que se mire.

Espejo,
claramente al besarte
la respuesta te encargo,
mas
si el beso es amargo…
poco tiene de valiente
si de mi propio reflejo,
si de mi gente,
no me encargo.
Versos de Jorge Cavia

Zayda Domínguez

 

 

 

 

Categorías: Blog

Despacho C/ Cartagena - Zayda Domínguez

Zayda Domínguez

Vivamus ullamcorper pretium ipsum, id molestie elit dapibus vitae. Vestibulum ut odio id sem ultrices convallis vel id diam.

1 Comentario

Deja un comentario