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20 mayo, 2020 a las 7:56 am · · 6 comentarios

Fake News

Son las 7 de la mañana de un domingo de Mayo. Clarea. El tiempo excepcionalmente primaveral ha dejado chubascos en la ciudad dando paso a lo que, en cualquier rincón del planeta, diríamos que es una mañana agradable.

Hago algo prohibido y prohibitivo; ojeo nada más abrir los parpados los periódicos y las redes sociales en una pantalla de teléfono (yo lo sigo denominando así) sabiéndome conocedor del mal cuerpo que se me va a quedar cuando retire mi atención del bombardeo de fake news, información, manifiestos, opiniones, críticas, pantomimas y exhortaciones de una y otra índole.

Reflexiono sobre ello: ¿Por qué sigo haciéndolo a pesar de que no es bueno para mi salud mental? Siempre que encuentro una noticia rematadamente falsa me pillo un cabreo  que me dura toda la mañana. Y me vienen las palabras de mi maestra y gran psicóloga Pilar Arranz.»A la gente le gusta que le digan lo que tiene que hacer, pero le gusta mucho más hacer lo contrario». A mi al primero.

De repente, cuando puedo tomar conciencia, me doy cuenta de que estoy depositando mi seguridad y confianza en un soporte digital a la espera de que como el sermón de los domingos, se me revele La Verdad y los retortijones existenciales que recorren mi cuerpo se calmen y la serenidad y yo seamos uno y todo el mundo me sonría. Leo el periódico y me meto a leer las actualizaciones de Linkedin para que me den la razón y sentirme apoyado por gente que ni siquiera conozco. No funciona. En ocasiones puedo sentirme visto, pero jamás escuchado, comprendido. Mi relación con la prensa y las redes sociales ha ido cambiando con los años. Si bien en algún momento la utilizaba como herramienta de trabajo, entretenimiento o emblema de mi madurez, hoy en día se ha vuelto una entelequia de la que espero me calme la vida y me resuelva el sufrimiento y sin embargo lo único que consigo es enfadarme con el mundo y «publicar» en mi mente todas las «fake news» posibles sobre mi mismo.

Vuelvo a reflexionar y caigo en la cuenta: Si yo soy el primero que se engaña cada día, qué derecho tengo a enfadarme con los demás. Si no me escucho ni a mi mismo, cómo me van a escuchar los demás, si no me paro y me veo a mi mismo cómo me van a ver los demás. Si por no acoger lo que soy y lo que siento me distraigo con estímulos externos como voy a saber lo que necesito y los recursos que ya tengo para afrontar y gestionar mi vida, mi mundo.

¿Y por qué esa necesidad de escucha,de comprensión? -Fácil; Porqué necesito un eco que me devuelva lo que por miedo o ignorancia está por estructurar en mi mente. Necesito algo que ordene mis ideas y aclare mis intenciones.Busco fuera la claridad de lo interno.

Como bien iréis dilucidando , no suele funcionar muy bien, y es que ir a por Rolex y encontrar setas es lo que tiene. Buscar las llaves debajo de la farola cuando se te han caído en mitad del callejón oscuro no suele dar buenos resultados,y claro, pasada media hora de lectura superficial y búsqueda infructuosa ,mis ojos arden no solo por la luz de la pantalla si no por lo patán que me siento. Después y por pura causalidad, solo hace falta un poco de cafeína y algún contratiempo nimio y sin alcance para que me permita a mi mismo dar rienda suelta a mi inmadurez y victimismo como adalides con los que afrontar el día. Hala, la crispación y la paja en el ojo ajeno ya están aquí. Eso sí, de lo de ordenar mis ideas y aclarar mis intenciones, mejor no hablar, mañana si eso.

Parecería como si esta querencia a sentir un gran vacío, mirarnos fuera y cabrearnos con el mundo estuviese preprogramada en el ser humano y claro, cuanto más buscamos allá más fake news nos contamos de nosotros mismos. Parecería que tenemos una insatisfacción crónica. Gastamos un tiempo que se nos escapa de las manos en cosas que nos distraen y anestesian para evitar sensaciones que nos conectan con nosotros mismos y al final acabamos por enfadarnos con el periódico, el presentador del telediario o el vecino que no respeta la distancia social.

En fin, como decía, hoy me he despertado, he «abierto» el periódico y me he dejado llevar por la avalancha de sobreinformación. Sin embargo, esta vez, un artículo de Manuel Jabois y Pablo Ordaz publicado en El País el 10 de Mayo ha sido capaz de poner en palabras lo que mi mente no era capaz de construir. La enfermedad mental en un mundo de delirio. «Las adversidades… se afrontan con el apoyo del entorno « -Juan Jose Uriarte.«lo que más ayuda a alguien es tener un apoyo familiar y socia.-Raul García.

Así que, si hay algo que pueda sacar en claro de una mañana primaveral como esta es que buscar fuera soluciones a lo que ni siquiera somos capaces de entender dentro, por lo general no suele perdurar en nosotros ni somos capaces de integrarlo en nuestra manera de afrontar nuestra vida. Si hay algo que podamos buscar fuera y que realmente nos ayuda, no son soluciones, sino apoyo, la mirada y el reconocimiento de las personas que nos hacen sentir queridas ¡ojo!, no las que dicen que nos quieren sino las que nos hacen sentir queridas. En ellas encontraremos el apoyo para tirar para adelante en momentos difíciles y el regocijo de disfrutar de los momentos brillantes.

Mañana por la mañana seguramente me descubra abriendo el periódico nuevamente; bueno, soy un animal que tropieza mil veces con la misma wifi. Hay cosas de mi que no me gustan y ¿sabéis qué? será en el momento en que tome conciencia de ello y los retortijones existenciales más me duelan cuando más apoyo necesitaré, no soluciones, apoyo. Como decían por ahí «Permitíos sentiros amados cuando menos os lo merezcáis porque será cuando más lo necesitéis«.

Mientras no estés en el suelo
no digas si tropezaste,
porque si alguno lo vio…
otro pudo no enterarse.
Gloria de la Prada. El Barrio de La Macarena 1917

David Villa Rodríguez.

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